La última batalla

Con el desprecio idiota de quien se sabe condenado
Es tiempo de guerra. La noche se tensa y las almas se estrechan, los amores florecen en el pueblo antes de que la sangre ahogue sus raíces.
Miramos por la ventana y nos despedimos de este atardecer de cuarzo, el último para muchos de nosotros. Nuestras mentes ya no son nuestras, y los recuerdos de toda una raza nos inundan. No importa cuántas batallas pesen sobre el alma, la posibilidad de morir es tan real en la última como en la primera.
Ahora estamos formados frente a frente. En minutos comenzarán a surcar el cielo rocas de fuego.
Y luego la carga. Frontal, final, inútil e irreversible. El desenlace no importa: para bien o para mal, mientras corremos hacia nuestro destino, todo ha terminado.


