Avanzan por la noche con sus expresiones desafiantes, siempre buscando alguien a quien matar, nuevas víctimas para calmar su sed de sensaciones.
¿Qué instinto vil les corrompió la razón haciéndoles creer que matar es su derecho? Sumerjámonos en que el que a hierro mata, a hierro muere, olvidemos las tablas de conversión de ofensas y la estatización de la venganza. Ojo por ojo, diente por diente, vida por vida. Y el mundo se quedará ciego, clama Gandhi, y vacío, y seco, y no importa, pues lo que tenga que ser será y si no no será nada.
¿Olvido y perdón? Dios no olvida ni perdona, y en un universo creado por él no hay motivos para hacerlo. Sangre y elección, sentimientos que desgarren la carne, y si tenemos que quemar bibliotecas para la orgía de esta noche lo haremos.
Juventud, divino tesoro, estrella fugaz que debe morir arrasando, y no apagarse como los agentes de la impotencia pretenden.
Vino, litros de vino, y sexo, todo el sexo posible hasta caer fulminados por el rayo del amor divino, saciadas momentáneamente las ansias de morir que nos llevan a la violencia.
No hay perdón para los pecados contra el cuerpo, para la calma, el autocontrol y la negación. Esta noche arderán universidades, conventos y oficinas públicas. Mañana por la mañana el espíritu azotará la tierra, libre al fin, consumiéndolo todo a su paso, un nuevo Saturno devorando a sus hijos, una serpiente mordiendo su cola por toda la eternidad.